sábado, 12 de agosto de 2017

ORIENTE Y OCCIDENTE

Occidente representa la mente masculina, el intelecto agresivo. Oriente representa la mente femenina, la intuición receptiva. Oriente y Occidente no son solamente términos arbitrarios; la división es muy, muy profunda y significativa. Y no se debería olvidar lo que dijo Rudyard Kipling, pues lo que dijo es significativo. Él dijo que Oriente y Occidente nunca se deberían encontrar. Hay un fragmento de verdad en ello, porque el encuentro parece imposible; sus maneras de funcionar son diametralmente opuestas.

Occidente es agresivo, científico, dispuesto a conquistar la naturaleza. Oriente no es agresivo, es receptivo, dispuesto a ser conquistado por la naturaleza. Occidente está ansioso por saber, Oriente es paciente. Occidente toma cada iniciativa posible para llegar a descubrir los misterios de la vida y de la existencia; trata de abrir las puertas. Y Oriente simplemente espera en profunda confianza: “Cuando sea digno de ella, la verdad se me revelará”.

Occidente es la concentración de la mente; Oriente es no pensar. Occidente es mente; Oriente es no-mente. Y lógicamente Kipling parece tener la razón al decir, que parece imposible que Oriente y Occidente puedan llegar a encontrarse.

“Oriente” y “Occidente” no solamente representan la división de la Tierra en dos hemisferios; representan también tu mente, tu cerebro. Tu cerebro también está dividido en dos hemisferios, como la Tierra. En tu cerebro hay un Oriente y un Occidente. El hemisferio izquierdo de tu cerebro es Occidente; conectado con la mano derecha. Y el hemisferio derecho de tu cerebro es Oriente; conectado con la mano izquierda. ¡Occidente es de derechas, Oriente de izquierdas! Y el proceso de ambos es muy diferente…

El hemisferio izquierdo de tu cerebro calcula, piensa, es lógico; produce la ciencia. Y el hemisferio derecho de tu cerebro es un poeta, es un místico; intuye, siente, es ambiguo, nublado, brumoso. No hay nada claro, todo está en cierto caos. Pero este caos tiene su belleza; este caos tiene una gran poesía, una gran canción; es muy fructífero.

La mente calculadora es como un fenómeno desértico, y la mente no calculadora es más como un jardín. En ella los pájaros cantan y las flores brotan… es un mundo totalmente diferente…

Yo estoy tratando de aportar una gran síntesis de Oriente y Occidente, de la ciencia y la religión, del intelecto y la intuición, de la mente masculina y de la femenina, de la cabeza y el corazón, de la derecha y de la izquierda. Estoy tratando de cualquier forma posible de crear una gran armonía, porque solamente esta armonía… puede darte un nuevo nacimiento.

El hombre consta de dos mundos, uno conduce afuera y el otro te lleva adentro. El hombre es una dualidad: es un cuerpo y un alma. Y debido a esta tremenda dualidad, han ocurrido todos los problemas del mundo. Esta no es una dualidad simple. Es lo que yo he llamado la “dualidad gestalt”. En la dualidad gestalt tú nunca puedes ver ambos mundos al mismo tiempo: si eliges ver uno tienes que olvidarte del otro. Como ejemplo os he hablado acerca de un pequeño libro para niños que tiene un retrato hecho simplemente con líneas, pero en esas líneas hay dos posibilidades: si fijas los ojos en el dibujo, una de dos: o vez una mujer vieja o ves una hermosa joven. Puedes ver cada una por separado. Si te quedas mirando fijamente a la mujer vieja, de repente encontrarás un extraño cambio: la mujer vieja desaparece y una hermosa joven aparece frente a ti.

Si todavía persistes en mirar fijamente… porque los ojos no están hechos para mirar así; naturalmente ellos se están moviendo constantemente. El movimiento es intrínseco a los ojos. Ellos se cansan de fijarse en algo, siempre están pendientes de algo nuevo. Por eso pronto descubrirás que la joven desaparece y que la vieja la vuelve a reemplazar. Ambas están hechas con las mismas líneas, sólo que con diferentes combinaciones, pero tú no puedes verlas al mismo tiempo. Eso es imposible. Porque si ves a la joven, ¿dónde encontrarás las líneas que dibujan a la vieja? Si ves a la mujer vieja, no te quedan líneas para crear a la joven. Puedes ver a cada una por separado, pero nunca a las dos juntas. Así es la dualidad gestalt, y así es la realidad del hombre.

Oriente ha visto al hombre sólo como un alma, como una consciencia, como un ser introvertido. Pero debido a que ha elegido una gestalt, ha tenido que negar a la otra. Por eso en Oriente los místicos durante siglos han estado negando constantemente la realidad del mundo. Dicen que sólo es un sueño, maya, una ilusión; hecho de la misma sustancia de la que están hechos los sueños. Realmente no existe, es sólo un espejismo, sólo una apariencia. Oriente ha negado el exterior; tenía que hacerlo debido a la necesidad intrínseca de la dualidad gestalt.

Occidente ha elegido el mundo exterior y ha tenido que negar el interior. El hombre es solamente un cuerpo. Fisiología, biología, química, pero no una consciencia, un alma; el alma es solamente un fenómeno periférico. Y debido a que considera solamente real el exterior, ha sido posible que la ciencia se desarrolle en Occidente. La tecnología, miles de aparatos; la posibilidad de aterrizar en la luna, y el vasto universo que te rodea. Pero a pesar de conocer todo esto, ha habido un profundo vacío en la mente occidental: carece de algo.

Es difícil para la lógica occidental indicar de lo que carece, pero es absolutamente seguro que carece de algo. La casa está llena de invitados pero el anfitrión no está presente. Tienes todas las cosas del mundo, pero tú no estás. Y el resultado es un tremendo sufrimiento. Tienes todos los placeres, todo el dinero, todo lo que el hombre siempre ha soñado, y después de siglos de esfuerzo de repente descubres que tú no estás. Tu interior está vacío, no hay nadie.

Oriente también ha afrontado su propia desgracia. Pensando que el exterior es irreal, no ha tenido ninguna posibilidad de progreso científico. La ciencia tiene que ser objetiva; pero los objetos son sólo apariencia, ilusiones, no tiene sentido diseccionar las ilusiones y tratar de descubrir los secretos de la naturaleza. De ahí que Oriente haya permanecido pobre, que haya tenido que seguir hambriento durante siglos bajo toda clase de esclavitudes.

Estos dos mil años de esclavitud no son sólo un accidente. Oriente se había preparado para ello; lo había aceptado. ¿Qué importa en un sueño si eres el amo o el esclavo? ¿Qué importa en un sueño si te sirven comida deliciosa o pasas hambre? En el momento que despiertas, ambos sueños probarán ser ilusorios. Oriente ha consentido permanecer desnutrido, hambriento, esclavizado, y la razón es que ha elegido una gestalt diferente; que lo real es lo interior.

Oriente ha aprendido las formas de estar en silencio, de estar en paz, de gozar del éxtasis que surge cuando te adentras en tu interioridad. Pero no puedes compartirlo con nadie; es algo absolutamente individual. Como mucho puedes hablar sobre ello. Así que todo Oriente durante miles de años ha estado hablando sobre la espiritualidad, la consciencia, la meditación, la iluminación, y en su exterior ha permanecido siendo un mendigo; hambriento, enfermo, esclavizado.

¿Quién va a escuchar a esos esclavos y sus grandes filosofías? Occidente simplemente se ha reído; pero no ha sido el único. Oriente también se ha reído al ver que la gente acumulaba cosas y se perdían a sí mismos. Durante miles de años hemos vivido de una forma muy extraña, en un estado mental esquizofrénico.
Se dice que: “En Occidente, la celebración se asocia con la idea americana de la diversión”. Esto conlleva otra implicación. Solamente un hombre desgraciado necesita divertirse. Igual que un hombre enfermo necesita su medicina, un hombre desgraciado necesita divertirse; es una estrategia muy astuta para evitar el sufrimiento.

No evitas el sufrimiento; solamente te olvidas por un momento de que eres desgraciado. Bajo la influencia de las drogas, del sexo o de lo que llamáis diversión, ¿qué estás haciendo realmente? Os escapáis de vuestro vacío interior. Os implicáis en cualquier cosa. De lo único que tienes miedo es de ti mismo.

Esto ha creado cierta locura, pero debido a que todo el mundo en Occidente está en el mismo barco, se ha vuelto muy difícil reconocerlo. Millones de personas ven el fútbol; ¿te parecen inteligentes? ¿Entonces quiénes serían los atrasados mentales? Y esta gente no solamente está implicada en juegos como el fútbol, sino que además saltan, gritan y se pelean; y debido a que no hay estadios suficientemente grandes para acomodar a todo el país, todo el mundo se pega a su sillón en frente del televisor. Haciendo las mismas estupideces, sentados en sus sillones chillando…

Conozco un hombre que, porque su equipo iba perdiendo, ¡se enfadó tanto que destruyó su televisor! Yo estaba con aquel hombre y le pregunté: “¿Es que quieres ingresar en un manicomio? Para empezar, el fútbol debería ser una cosa para niños. Tú ya has pasado la edad hace bastante tiempo, pero mentalmente no tienes más de doce o trece años. Y lo que has hecho con el televisor me hace sospechar que no solamente eres atrasado mental, sino que además estás loco”.

Precisamente el año pasado en California; la universidad hizo un estudio, una encuesta anual sobre combates de boxeo. Cada vez que hay combates de boxeo (lo cual es algo feo, inhumano, animal) el nivel de criminalidad en todo el estado de California se eleva en un trece o un catorce por ciento. Y este aumento continúa aún después de que los combates se hayan acabado; se prolonga al menos durante una semana. Y después poco a poco vuelve la normalidad.

La gente se mata, se suicida, viola; de repente, aumentan toda clase de crímenes. Aún así, en ningún país se condena al boxeo como un juego criminal que habría que parar inmediatamente. Si por casualidad cualquier gobierno tratara de hacerlo, seguramente todo el país se levantaría en protesta.

sábado, 5 de agosto de 2017

SER EXTRAORDINARIO

Nadie es ordinario. ¿Quién os ha dicho que lo seáis? ¿De dónde habéis sacado esa idea? ¡Todo el mundo es extraordinario! Las cosas son como son. Dios nunca crea gente ordinaria. ¿Cómo va a hacer eso Dios? Todo el mundo es especial, extraordinario. Pero acuérdate de no alimentar tu ego con ello. Ser extraordinario no viene de tu parte sino de la parte de Dios. Tú procedes de la totalidad, sigues enraizado en la totalidad, vuelves a disolverte en la totalidad; y la totalidad es extraordinaria, incomparable.

Tú también lo eres, pero todas las religiones, las mal llamadas religiones, han tratado de hacerte sentir ordinario.

Esto es sólo un truco para provocar a tu ego. Trata de entenderlo: en el momento que alguien dice de ti que eres ordinario, instantáneamente se crea en ti el deseo de hacerte extraordinario, porque te empiezas a sentir inferior.

Precisamente el otro día estuvo aquí un hombre que me preguntó: “¿Cuál es el propósito de la vida? A menos que tenga algún propósito especial para mí, ¿para qué voy a vivir? Si hay un propósito especial, entonces la vida tiene significado. Si no hay ningún propósito especial, entonces no lo tiene”. Preguntaba: “¿Para qué propósito especial me ha creado Dios? ¿Para qué he venido al mundo?”. El ego es el que lo pregunta. Se siente ordinario; nada especial. “¿Entonces para qué va uno a vivir?”. Tenéis que ser alguien especial sólo entonces la vida parece tener sentido.

¡La vida tiene sentido, y no tiene ningún propósito!, es un sentido sin propósito, como una canción, una danza; como una flor, que florece sin ningún propósito, para nadie en especial. Aunque nadie pase a su lado, la flor florecerá y esparcirá su fragancia a los cuatro vientos. Aunque nadie jamás llegue a olerla, no importa. El propio florecer es su sentido, sin ningún propósito.

Pero se os ha dicho que sois ordinarios: “Llegad a ser grandes poetas, grandes pintores, grandes líderes de la humanidad, grandes políticos, grandes santos”. Tal como sois, habéis sido condicionados por todas las religiones: “No sois nada, gusanos en la tierra. ¡Llegad a ser alguien! Demostrad ante Dios que sois alguien”; como para probar de qué estáis hechos.

Pero yo digo que esto es absolutamente absurdo. Todas estas religiones han estado comportándose irreligiosamente. No tenéis ninguna necesidad de probar nada. El mismísimo fenómeno de que Dios os haya creado es suficiente; se os acepta. Dios te ha dado la vida, eso es suficiente. ¿Qué más hay que probar? No necesitáis ser ni grandes pintores, ni grandes líderes, ni grandes santos. No hay ninguna necesidad de ser grandes, porque ya lo sois.

Yo pongo el énfasis en que: ya eres aquello que deberías ser. Puede que tú no te hayas dado cuenta, eso lo sé. Puede que aún no hayas encontrado tu propia realidad, lo sé. Puede que hayas mirado en tu interior y no hayas visto el emperador que llevas dentro de ti, lo sé. Puede que pienses que eres un mendigo y trates de ser un emperador. Pero tal como yo te veo, tú ya eres un emperador.

No hay necesidad de posponer la celebración. Inmediatamente, en este momento, puedes celebrar. No necesitas nada más. Para celebrar se necesita la vida, y la vida ya la tienes. Para celebrar se necesita ser y ya eres. Para celebrar, se necesitan los árboles, los pájaros y las estrellas, y ya están ahí. ¿Qué más necesitas? Si te coronan y te aprisionan en un palacio dorado, ¿celebrarías? De hecho, entonces es cuando será imposible. ¿Has visto alguna vez a un emperador bailando, cantando y riendo en la calle? No, está apresado, encarcelado: en las formas, en el protocolo…

En algún lugar, Bertrand Russell escribió que cuando por primera vez visitó una comunidad primitiva de aborígenes, que vivía en lo profundo de una selva, se sintió celoso, muy celoso. Sintió que la forma en la que bailaban… era como si cada uno fuera un emperador. No tenían coronas, pero las habían hecho con plumas y flores. Cada mujer era una reina. No tenían diamantes, pero lo que tenían era mucho, les era suficiente. Danzaron durante toda la noche, luego durmieron, allí mismo, en el sitio donde habían bailado. Y por la mañana estaban listos para volver al trabajo. Trabajaron durante todo el día, y de nuevo al anochecer estaban listos para celebrar, para bailar. Russell dice: “Ese día, me sentí realmente celoso. Yo no podía hacer eso”.

Algo ha ido mal. Algo se frustra en ti; no puedes bailar, no puedes cantar, algo te retiene. Vives una vida mutilada. Nunca se ha pretendido de ti que seas un para lítico, pero vives una vida tullida, una vida paralizada. Y sigues pensando, ¿cómo vas a celebrar siendo ordinario? No hay nada especial en ti. ¿Pero quién te ha dicho que para celebrar se necesita ser especial? De hecho, cuanto más persigues ser especial, más y más difícil te será danzar.

No hay nada malo en lo ordinario, porque en el mismo ser ordinario está lo extraordinario. No te preocupes acerca de los requisitos que se requieren para decidir cuándo hay que celebrar. Si te preocupas en cumplir ciertos requisitos, ¿crees que entonces podrás celebrar? Nunca lo harás, morirás como un mendigo. ¿Por qué no hacerlo ahora mismo? ¿Qué te falta?

Mi observación es que: si empiezas ahora mismo, de repente la energía fluye. Y cuanto más bailas, más fluyes y más capaz de celebrar te haces. Quien necesita condiciones que cumplir es el ego, no la vida. Los pájaros pueden cantar y bailar; simples pájaros, pájaros ordinarios. ¿Has visto alguna vez pájaros extraordinarios bailando y cantando? ¿Tienen acaso primero que ser un Ravi Sankar o un Yehudi Menuhin? ¿Tienen que ser antes grandes cantantes e ir a colegios a aprender música, para luego poder cantar? Simplemente cantan y bailan; no necesitan ninguna formación. El hombre nace con la capacidad de celebrar. Cuando hasta los pájaros pueden celebrar, ¿por qué tú no puedes? Porque tú creas barreras innecesarias, creas una carrera de obstáculos. No los hay. Los pones tú y luego dices: “A menos que los saltemos y los crucemos, ¿cómo podremos bailar?”. Tú te pones contra ti mismo, te divides a ti mismo, eres tu propio enemigo. Todos los predicadores del mundo dicen que eres ordinario, ¿así que cómo te atreves a celebrar? Tienes que esperar. Primero sé un Buda, primero sé un Jesús, un Mahoma, y entonces podrás.

Pero el caso es justo lo opuesto: si puedes bailar, ya eres un Buda; si puedes celebrar, ya eres un Mahoma; si puedes sentirte bendito, eres Jesús. Lo contrario no es verdad; lo contrario es una lógica falsa. Dicen: primero sé un Buda, luego podrás celebrar. ¿Pero cómo vas a ser un Buda sin celebrar?

Yo te digo: “¡Celebra, olvídate de todos los Budas!”. En tu propia celebración descubrirás que tú mismo te has vuelto un Buda.

Los místicos zen dicen: “Buda es un obstáculo; ¡olvídate de él!”. Bodhidharma solía decir a sus discípulos: “Siempre que digas el nombre de Buda, inmediatamente lávate la boca. Es sucio, la misma palabra es sucia”. Y Bodhidharma era un discípulo de Buda. Tenía razón porque sabía que de cada palabra “Buda” podrías crear ídolos, ideales. Y entonces esperarías durante vidas y vidas para llegar a ser un Buda primero, y celebrar después. Eso jamás ocurrirá.

Un monje zen, Lin, Chi, solía decir a sus discípulos” “¡Cuando entréis en meditación, recordad siempre que si os encontráis al Buda en el camino, inmediatamente partidle en dos! No le permitáis que permanezca ni un solo momento, de otra manera os enganchará y se convertirá en un obstáculo”. Un discípulo preguntó: “Pero cuando estoy meditando y Buda llega (Buda le llega a los budistas, como Jesús a los cristianos; no el verdadero Buda, a él no se le encuentra en ningún lugar), ¿cómo le voy a partir en dos? ¿De dónde voy a sacar la espada?”.

El maestro respondió: “De donde sacaste al Buda; de tu imaginación. Saca la espada del mismo lugar, pártele en dos y sigue adelante”.

Recuerda esto, todas las enseñanzas de los iluminados, de todos aquellos que han despertado, se puede resumir en una sola frase, la cual es: ya eres aquello que puedes ser. Puede que darte cuenta de esto te lleve muchas vidas, eso lo decides tú. Pero si estás atento, no pierdas ni un momento. “Tú eres eso” (Tat twan así, suetketu); tú ya eres eso, no hay necesidad de llegar a ser. Llegar a ser, el mismísimo esfuerzo por llegar a ser algo, es ilusorio.

Eres, no tienes que llegar a ser. Pero los predicadores te dicen que eres ordinario y crean en ti un deseo de volverte extraordinario. Te hacen sentir inferior y crean en ti un deseo de hacerte superior. Primero crean en ti un complejo de inferioridad, y luego te agarran. Entonces te enseñan cómo volverte superior. Primero te condenan, crean un sentimiento de culpa en ti, y luego te enseñan la forma de ser virtuoso.

Conmigo te vas a encontrar en verdaderas dificultades porque a tu mente le gustaría eso mismo, porque eso te da tiempo. Pero yo no te doy tiempo. Yo te digo que tú ya eres eso. Que todo está ya completo. ¡Comienza la fiesta, celébralo! Tu mente dice: “Pero no estoy preparado, necesito algo de tiempo”. Ese es el posponer por donde entran los predicadores. A través de esta brecha entran en tu ser y te destruyen. Te dicen: “Sí, se necesita tiempo, ¿cómo vas a ponerte a celebrar ahora mismo? Prepárate, disciplínate. Hay que purificar muchas cosas en ti y muchas otras han de ser mejoradas. Necesitas una larga disciplina. Puede que te lleve multitud de vidas y una gran disciplina. Te llevará muchas vidas, y sólo entonces estarás listo para poder celebrar. ¿Ahora cómo vas a celebrar?

Te atraen porque entonces te puedes relajar y decir: “Está bien, si es cuestión de mucho tiempo, ahora mismo no hay problema. Podemos continuar haciendo lo que estábamos haciendo”. Algún día en el futuro, algún mañana dorado… Cuando lo consigas, bailarás.

Mientras tanto puedes ser desgraciado; mientras tanto puedes gozar torturándote; tú decides. Si te decides por el sufrimiento, no habrá necesidad de crear mucha filosofía a su alrededor. Puedes decir simplemente: “Disfruto con mi sufrimiento”. Es realmente sorprendente que nadie pregunte: “¿Cómo puedo ser desgraciado? Se necesita cierta disciplina, toda una formación. Iré a Patanjali y a grandes maestros, y aprenderé cómo ser desgraciado”. Parece ser, que ser desgraciado no requiere ninguna formación, naces para serlo. ¿Pero entonces por qué debería necesitarse para ser feliz? Ambas son dos caras de la misma moneda; si se puede ser infeliz sin ninguna disciplina, también se puede ser feliz. Sé natural, relajado, y simplemente siente las cosas. Y no esperes; ¡comienza! Aunque sientas que no conoces los pasos, comienza a danzar.

No te digo que bailar vaya a ser tu arte. Para el arte, puede que quizá se necesite una cierta formación. Estoy diciendo que danzar es sólo una actitud. Aún sin conocer los pasos correctos, puedes danzar. ¡Y si puedes bailar ¿a quién le importan los pasos correctos?! bailar es suficiente en sí mismo. Es fruto de la abundancia de tu energía. Si se convierte en un arte por sí solo, está bien; si no, también. Es suficiente en sí mismo, más que suficiente. No se necesita nada más.

Así que no me digas: “Tú estás en la cima de la consciencia”. ¿Y dónde estás tú? ¿Dónde te crees que estás? Tu valle está en tus sueños. Tu oscuridad se debe a que sigues con los ojos cerrados; de otro modo estás donde yo estoy. No es que tú estés en el valle y yo en la cima. Yo estoy en la cima, y tú también, pero tú sueñas con el valle. Yo vivo en Puna, y tú también. Pero cuando duermes, empiezas a soñar que estás en Londres o en Nueva York o en Calcuta, visitas miles de lugares. Yo no voy a ningún sitio; hasta cuando duermo, estoy en Puna. Pero tú sigues viajando por ahí. Tú estás en la misma cima en la que yo, sólo que tú tienes los ojos cerrados.

Tú dices: “Está muy oscuro”. Yo hablo de luz y tú dices: “Tú debes de estar en algún otro lugar en una cima elevada. Nosotros somos gente normal viviendo en la oscuridad”. Pero yo puedo ver que estáis sentados en la misma cima sólo que con los ojos cerrados. Hay que sacudirte para despertarte. Y entonces podrás ver que el valle nunca ha existido. No había oscuridad; tus ojos estaban cerrados.

Los maestros zen hacen bien. Llevan una vara y sacuden a sus discípulos con ella. Muchas veces, cuando el palo está descendiendo sobre la cabeza del discípulo, de repente abre sus ojos y se echa a reír. Él nunca se había dado cuenta de que estaba en la misma cima. Lo que veía era un sueño.

Estate alerta. Y si decides estarlo, la celebración te será de gran ayuda. Cuando digo que celebres, ¿qué quiero decir? Lo que quiero decir es que lo que sea que hagas, no lo hagas como un deber, hazlo desde tu amor; no lo hagas como si fuera una carga, hazlo como si fuera una celebración. Puedes comer como si fuera una obligación: a disgusto, sin disfrutar, aburrido, insensible. Puedes tragarte la comida sin ni siquiera saborearla, sin ningún sentimiento por ella. Es vida; vives a través de ella. No seas tan insensible con ella. Los indios han dicho: Annam Brahman; la comida es Brahman. Eso es celebración: estás comiendo Brahman, estás alimentándote de Dios a través de la comida, porque todo lo que existe es Dios. Cuando te das una ducha, es Dios duchándose porque sólo Dios existe. Cuando sales a dar un paseo por la mañana, es Dios yendo de paseo. Y la brisa y los árboles también son Dios; todo es divino. ¿Cómo puedes sentirte a disgusto, aburrido e insensible y andar por la vida como si fuera una carga?

Cuando te digo que celebres, quiero decir sensibilízate más y más con todo. La danza no debería estar separada de la vida. De hecho, toda la vida debería convertirse en una danza; tendría que ser una danza. Puedes ir de paseo e ir bailando.

Permite que la vida entre en ti, vuélvete más abierto y sé más vulnerable, siente más, vuélvete más sensual. Estás rodeado de pequeñas cosas maravillosas. Observa un niño pequeño; déjale en el jardín y sólo obsérvalo. Tú también deberías ser así; tan maravillado, tan lleno de asombro: corriendo a coger esa mariposa, corriendo por esa flor, jugando con el barro, revolcándose en la arena. Lo divino rodea al niño por todas partes.

Si puedes vivir en asombro serás capaz de celebrar. No vivas en el conocimiento; por todos lados, es una sorpresa continua. Vívela como si fuera una sorpresa, un fenómeno impredecible: cada momento es nuevo. ¡Sólo prueba, inténtalo! No perderás nada por probar, y puede que lo ganes todo. Pero te has hecho adicto al sufrimiento. Te agarras a tu sufrimiento como si fuera algo precioso. Date cuenta de esta atadura.

Como ya he dicho, hay dos tipos de gente: los sádicos y los masoquistas. Los sádicos hacen daño a los demás, y los masoquistas se hacen daño a sí mismos. Alguien me ha preguntado: “¿Por qué?, ¿por qué las personas son así? Hacen daño a los demás o se lo hacen a sí mismas. ¿Por qué hay tanta agresividad y tanta violencia en la vida?”.

Es un estado negativo. Haces daño porque no puedes gozar. Al no poder amar, te vuelves violento, haces daño. Al no saber cómo ser compasivo, te vuelves cruel; es un estado negativo. La misma energía de crueldad se convertirá en compasión: con una mente atenta la misma energía se vuelve compasión; con una mente dormida la misma energía se vuelve dañina, o contigo o con los demás. Cuando estás despierto la misma energía se vuelve amor, para ti mismo y para los demás. La vida te da una oportunidad pero hay miles de causas para que algo vaya mal.

¿Has observado alguna vez que si alguien se siente desgraciado le muestras simpatía, sientes amor hacia él? Ese amor no es lo más adecuado, pero te causa simpatía. Si alguien está feliz, contento, celebrando; sientes celos, te sientes mal. Es difícil simpatizar con un hombre feliz. Es muy difícil sentirse bien con un hombre feliz: sin embargo, cuando alguien es infeliz, te sientes bien. Al menos puedes pensar que tú no eres tan feliz y te hace sentir superior; entonces muestras simpatía.

El niño comienza a aprender cosas desde que nace. Tarde o temprano se da cuenta de que siempre que es infeliz, atrae la atención de toda la familia. Se vuelve el centro y todo el mundo siente simpatía por él, todo el mundo te quiere. Mientras todo va bien, está feliz y saludable; nadie se preocupa por él. Por el contrario, parece molestarle a todo el mundo. Cuando un niño salta y juega, le molesta a toda la familia y cuando está en la cama enfermo con fiebre, toda la familia le presta su atención y simpatía. El niño termina por aprender que de alguna forma, estar enfermo, ser desgraciado, es bueno; estar muy vivo, feliz y saltando, es algo que está mal. Así es cuando él aprende y así es como tú has aprendido.

Para mí, cuando un niño está feliz y saltando, toda la familia debería estar feliz y saltando con él. Y cuando un niño está enfermo, habría que cuidarle pero no habría que demostrarle simpatía alguna. Cuidarle está bien; pero la simpatía, no. La indiferencia, negarle el amor, sería muy duro en apariencia: el niño está enfermo y tú no le das importancia. Cuídale, dale las medicinas, pero no le prestes atención, porque por debajo está ocurriendo un fenómeno más sutil. Si sientes simpatía, compasión, amor y se lo muestras al niño, le estás destruyendo para siempre. Desde ahora se aferrará al sufrimiento, convertirá el sufrimiento en algo valioso. Siempre que salta, grita, corre por toda la casa molesta a todo el mundo. En esos momentos celebra, estate con él; y el mundo entero será diferente.

Pero hasta la sociedad ha existido basándose en conceptos erróneos, que todavía persisten. Por eso te agarras al sufrimiento. Me preguntas: “¿Cómo es posible para seres ordinarios como nosotros celebrar ahora mismo, aquí y ahora?”. No, no lo es. Nunca nadie os ha permitido celebrar. Vuestros padres continúan en vuestras mentes. Vuestros padres y vuestras madres os persiguen hasta el mismo momento de vuestra muerte. Están continuamente detrás de vosotros, aunque hayan muerto. Los padres pueden ser muy, pero muy destructivos; hasta ahora lo han sido. No digo que vuestros padres sean los responsables, porque esa no es la cuestión: sus padres les hicieron lo mismo a ellos. Toda la estructura social es errónea, psicológicamente errónea; además también los padres tienen sus razones y por eso esta destructividad continúa y no puede pararse. Parece imposible.

Por supuesto, siempre hay razones. El padre tiene sus razones: puede que esté leyendo el periódico y el niño salte y grite y se ría, pero un padre debería ser más comprensivo. Un periódico no tiene ningún valor. Aunque pudieras leerlo tranquilamente, ¿qué vas a ganar con ello? ¡Tíralo! Pero el padre está envuelto en la política, en los negocios, tiene que saber qué está pasando en el mundo. Es ambicioso y leer el periódico forma parte de su ambición. Si uno tiene que alcanzar algunas metas, conseguir alguna ambición, tiene que conocer el mundo. El niño resulta ser una molestia. Pero el niño debería ser lo primero, porque el niño va a ser un mundo entero, el niño va ser el mañana, el niño va a ser la humanidad venidera. Él debería ser lo primero, debería tener prioridad. Los periódicos se pueden leer más tarde, y aunque no se lean, no se pierde nada. Es el mismo absurdo cada día; los lugares y los hombres cambian, pero la estupidez es siempre la misma.

Yo defino esto como la única revolución verdadera. Ninguna otra revolución va a ayudar al hombre: ni la revolución francesa, ni la rusa, ni la china; ninguna ha ayudado ni ayudará. Básicamente continúa el mismo patrón entre el padre y el hijo, y existe un motivo, porque la revolución básica es la de la madre, el padre, y el niño. En algún lugar entre los padres y el niño está el vínculo; y si no se cambia ese vínculo, el mundo seguirá moviéndose en la misma dirección.

Esto no quiere decir que te esté dando una excusa para tu miseria. Estoy simplemente dándote la explicación para que te hagas consciente de lo que ocurre. Así que no trates de decirte en tu mente: “¿Qué le voy a hacer? Ya tengo cuarenta, o cincuenta o sesenta años, mis padres ya están muertos y aunque estuvieran vivos, no podría deshacer el pasado. Ya ha ocurrido, y tengo que vivir como soy”. No, si entiendes que puedes simplemente salirte de todo ello. No hay necesidad de seguir aferrándose a ello. Puedes volverte un niño de nuevo.

Jesús tiene razón cuando dice: “Sólo aquellos que sean como niños podrán entrar en el reino de Dios”; ¡tiene toda la razón! Sólo aquellos que sean como niños…

Esa es la revolución: volverse todo el mundo como niños pequeños. El cuerpo puede crecer pero la cualidad de la consciencia debería permanecer inocente, virgen, como la de un niño.

Tú ya estás donde necesitas estar, tú ya estás en ese espacio que buscas. Sólo haz un pequeño esfuerzo para zafarte de tu atadura con el sufrimiento. No inviertas en sufrimiento; invierte en celebración. Si das un paso en dirección a la vida, la vida da mil pasos hacia ti. Sólo da un paso fuera de tu atadura con el sufrimiento. La mente continuará tirando hacia atrás. Sé indiferente a ella y dile: “Espera, he vivido durante suficiente tiempo contigo, ahora déjame vivir sin ti”.

Eso es lo que significa ser extraordinario o niño: vivir sin mente, o, vivir en la no-mente.

jueves, 3 de agosto de 2017

LA RISA

En toda la existencia solamente el hombre puede reírse. La risa es parte de la consciencia elevada que el hombre ha alcanzado.

El sol se levanta pero nadie se ríe; los pájaros cantan, pero no se ríen. Están muy por debajo en lo que a la consciencia se refiere. Vuestros santos tampoco se ríen; en vuestras iglesias tampoco hay risa. No es un progreso para la consciencia, sino un retroceso, un descenso.

La seriedad es una enfermedad.

Sólo una mente enferma es seria.

La juventud, los jóvenes ríen, danzan, cantan. Pero con una mente seria, el hombre pierde esa maravillosa espuma que aparece en las olas del océano. Que aunque sólo sea espuma; sin ella las olas parecerían desnudas. Esa espuma la corona. La espuma blanca de las olas de la marea arribando a la costa, le evocan a uno los picos del Himalaya, donde la nieve nunca se derrite; nieves eternas. Y la blancura de la espuma le da belleza, le da vida, le da cierta danza a la ola.

Yo estoy en contra de todas las religiones que os hacen serios; y casi todas lo hacen. Destruyen toda posibilidad de risa: al parecer la risa es algo mundano. Pero yo afirmo: la risa es el fenómeno más sagrado de toda la Tierra; porque es la cima más elevada de la consciencia.

Y no sólo las religiones, sino casi toda clase de gente seria (sea religiosa o no), es seria porque la sociedad respeta la seriedad.

Pero durante miles de años la seriedad ha sido tan respetada que algunos países se han olvidado completamente de reír. Se dice que algunos países se han olvidado completamente de reír. Se dice que cuando le cuentas un chiste a un inglés, se ríe dos veces: la primera para que nadie se de cuenta de que no lo ha entendido, y la segunda, a mitad de la noche, cuando lo coge.

Si le cuentas el mismo chiste a un alemán, se ríe sólo una vez; por pura educación: porque los demás se ríen, tiene que hacer un esfuerzo. En el fondo no sabe de lo que se está riendo. Pero nunca lo coge, así que la segunda vez no viene al caso. Si le cuentas el mismo chiste a un judío, en vez de reírse dirá: “¡Un momento, no pierdas el tiempo! Es un chiste muy viejo, y además, lo estás contando mal”.

La gente se comporta de diferentes maneras, porque ha sido condicionada diferentemente. Yo he estado buscando durante mucho tiempo un chiste que fuera puramente indio, pero no he sido capaz de encontrar ninguno; aquí todos los chistes son importados. Y menos mal que no hay que pagar tasas por los chistes importados; de ser así, en la India no existirían los chistes.

Los indios han tenido una actitud muy seria respecto a todo respecto a Dios, respecto a lo supremo. No se puede concebir a un Gautama Buda o a un Shankaracharya o a un Mahavira riéndose; es imposible. Es algo que siempre me ha intrigado… porque las estatuas de Gautama Buda fueron de las primeras que se hicieron en el mundo; son de las más antiguas.

¿Por qué habrán elegido el frío mármol para hacer sus estatuas? Buda es frío. La risa trae calidez; la seriedad poco a poco se va volviendo fría; inhumanamente fría. Y el mármol blanco representa exactamente su rostro, porque Buda nunca mostró ninguna emoción en su semblante, nadie vio lágrimas en sus ojos, ni una sonrisa en sus labios. Hasta en vida, fue una estatua de mármol.

La India ha sido seria durante siglos, y esa es una de las causas de su degradación. El silencio es hermoso, pero silencio no significa seriedad. El silencio puede estar lleno de sonrisas; de hecho, sólo el auténtico silencio está lleno de sonrisas, de alegría. Que alguien haya experimentado el éxtasis y no haya estallado de risa, eso va en contra de mi propia experiencia y en contra de la ley de la existencia.

La primera cosa que le ocurre a una persona que se ilumina es una risa a carcajadas; por la pura estupidez de que ha estado buscando algo que está dentro de él. Lo ha estado llevando durante siglos dentro de él mismo pero nunca ha buscado allí; buscaba alrededor de todo el mundo el tesoro que hubiera podido encontrar en un minuto dentro de él mismo.

Solamente cierra tus ojos… quédate en silencio… y está ahí.

No me puedo imaginar a nadie que al encontrarlo dentro de sí no se eche a reír, pero en todas las historias de cientos de iluminados ni se menciona. Quizá se rieron, pero no exteriorizaron la risa; la controlaron.

Tan sólo porque toda la tradición dice que cuanto más te elevas en la consciencia, más serio te vuelves… Pero yo sé por experiencia propia (y es una analogía relevante) que si estás buscando las gafas por todos los lados y de repente te das cuenta de que están sobre tus narices, es imposible no reírte, o al menos sonreír.

La experiencia espiritual no es muy diferente a esto. Está sobre tus narices; y tú la buscas por todo el mundo. Simplemente siéntate, olvídate del mundo, y así está. ¿Quién es el que la busca?...

El buscador es lo buscado.
El cazador, lo cazado.
El observador, lo observado.

Pero como tú nunca miras hacia dentro… y no puedes encontrarlo fuera en ningún lugar (ni siquiera en los picos de los Himalayas o en la luna), naturalmente, fracaso tras fracaso, te vuelves serio, triste, como si no fueras suficientemente apto, como si no estuvieras bastante capacitado para encontrarlo. La verdad es: que no lo encuentras porque no está fuera de ti.

Así que todos los caminos son falsos. Dondequiera que vayas encontrarás fracaso, y nada más. Deja ese ir, deja ese buscar: estate tranquilo, relájate. Primero uno debería mirar dentro de sí mismo. Si no lo encuentras ahí, entonces lo lógico sería que fueras a buscarlo a otro lugar. Pero siempre que uno ha mirado dentro de sí mismo lo ha encontrado ahí.

Y en este encuentro te reirás de ti mismo, porque la existencia te ha gastado una gran broma.

Ya te he contado el secreto, ahora depende de ti: si quieres encontrarle, ¡ve dentro de ti! Pero si no, no te quejes. De hecho, él se alegrará mucho de verte, porque no ha visto a casi nadie durante miles de años; muy de tarde en tarde.

Y los que le han encontrado, lo han hecho quedándose en silencio, atentos, conscientes. Y cuando le encuentran se ríen. Yo os digo: Dios se echa a reír con vosotros.

Pero esto tiene que ser una experiencia; de otra forma sólo será una creencia y yo no quiero crear ningún sistema de creencias. Lo que os estoy dando es sólo mi propia experiencia; vosotros podéis tener la vuestra.

sábado, 22 de julio de 2017

LA CREATIVIDAD

La creatividad nunca puede ser indiferente. La creatividad es atenta porque es amor. La creatividad es la función del amor y el afecto, no puede ser indiferente. Si eres indiferente, poco a poco toda tu creatividad desaparecerá. La creatividad necesita pasión, vitalidad, energía. La creatividad necesita que fluyas, que vivas en un intenso y apasionado fluir.

Si miras a una flor con indiferencia, la flor no puede ser hermosa. A través de la indiferencia todo se vuelve ordinario. Entonces se vive fríamente, contraído en uno mismo. Esta fue la calamidad que ocurrió en Oriente, porque la religión tomó un camino equivocado y la gente empezó a pensar que había que volverse indiferente a la vida.

Una vez vino a verme un sannyasin hindú. Cuando él llegó, yo estaba trabajando en el jardín, donde crecían muchas flores. Después de echarle una mirada me preguntó: “¿Te interesas por las flores y la jardinería?”. En su rostro se podía ver una mirada de condena. Y continuó: “Pues yo creía que no deberían importarte estas cosas”.

Me importan, no me son indiferentes. La indiferencia es negativa, es suicida, es escapista. Desde luego, si te vuelves indiferente; vivirás rodeado de tu indiferencia; muchas cosas no te molestarán, no te distraerán; pero no se trata de eso. Nunca estarás rebosante de felicidad.

En Oriente, mucha gente cree que ser indiferente es ser religioso. Se alejan de la vida, se escapan de ella. No crean nada; simplemente vegetan y creen que así han conseguido algo. Así no se consigue nada.

Lograr algo es siempre positivo y siempre creativo. Dios es creatividad; ¿cómo puedes llegar a Dios si eres indiferente? Dios no lo es; él cuidad hasta de las pequeñas hojas de hierba, hasta ellas le importan. Pone tanto cuidado en pintar una mariposa como en crear un Buda.

El todo es amoroso. Si quieres volverte uno con el todo, tendrás que amar. La indiferencia es un suicidio lento. Vive en tan profundo amor, que desaparezcas completamente en él, que te conviertas en pura energía creativa. Solamente entonces participas de Dios, amando mano a mano con él.

Para mí la creatividad es la única plegaria, la creatividad es meditación, la creatividad es vida.

La creatividad no tiene nada que ver con alguna actividad en particular; ni con pintar ni con escribir ni con bailar ni con cantar. No tiene nada que ver con algo en particular.

Cualquier cosa puede ser creativa; eres tú quien le pone la cualidad a la actividad. La actividad en sí misma no tiene que ser necesariamente creativa. Se puede pintar, se puede cantar de una manera que no sea creativa. Y se puede limpiar el suelo de una forma que sí lo sea. Se puede cocinar creativamente.

La creatividad es la cualidad que tú pones en la actividad que estás haciendo. Es una actitud, una aproximación interior: es tu forma de mirar las cosas.

Así que lo primero que tienes que tener en cuenta es no reducir la creatividad a algo en particular. El hombre es creativo; y si lo es, haga lo que haga, aún cuando camina, en su forma de caminar se puede ver la creatividad. Hasta sentarse en silencio y sin hacer nada será un acto creativo. Buda sentado bajo el árbol sin hacer nada es el mayor creador que el mundo ha conocido.

Una vez que entiendes que la creatividad está en ti, el problema desparece.

No todo el mundo puede ser pintor, y tampoco hay necesidad. Sería espantoso, si todo el mundo lo fuera; sería difícil vivir. No todo el mundo puede ser bailarín, y además no hay necesidad. Pero sí, todo el mundo puede ser creativo.

Lo que sea que hagas, si lo haces gozosamente, si lo haces con amor, si el hecho de hacerlo no es puramente económico, será creativo. Si al hacerlo algo en ti crece, si te hace crecer, es espiritual, es creativo, es divino.

Te vas volviendo más divino a medida que te vas haciendo más creativo. Todas las religiones del mundo han dicho: Dios es el creador. Yo no sé si será creador o no, pero una cosa sí sé: que cuanto más creativo te vuelvas, más divino serás. Cuando tu creatividad llega a su clímax, cuando toda tu vida se vuelve creativa, vives en Dios. Así que debe ser verdad que es el creador, porque todo aquel que ha sido creativo se ha acercado a él.

Ama lo que haces. Sé meditativo mientras lo hagas; ¡cualquier cosa que hagas! No importa lo que sea.

Creatividad significa amar lo que hagas; ¡gozarlo, celebrarlo como un regalo de Dios! Quizá nadie llegue a darse cuenta.

Así que, si lo que buscas es fama y piensas que así serás creativo, que si te haces famoso como Picasso serás creativo, te equivocas. De hecho entonces, no lo serás en absoluto: serás un político, ambicioso. Si la fama viene, bien; si no viene, también. Ese no es el criterio. Lo que hay que considerar es si gozas lo que estás haciendo. Si es un acto de amor.

Si lo que haces es para ti un idilio, entonces se vuelve creativo. Las pequeñas cosas se hacen enormes al contacto con amor y el gozo.

Dices: “Siempre he creído que no soy creativo”. Si así lo crees, así será; porque las creencias no son sólo creencias. Abren y cierran puertas. Si tienes una creencia errónea te rondará y será como una puerta cerrada. Si crees que no eres creativo, no lo serás; porque la creencia te obstruirá, te negará continuamente toda posibilidad de fluir. No le permitirá a tu energía fluir porque continuamente te dirás: “No soy creativo”.

Esto es lo que se le enseña a todo el mundo. Muy poca gente es aceptada como creativa: unos pocos pintores, algunos poetas, uno entre un millón. ¡Esto es estúpido! Cada ser humano nace siendo creativo. Observa a los niños: todos son creativos. Poco a poco destruimos su creatividad. Poco a poco les imponemos creencias erróneas. Poco a poco los distraemos. Poco a poco los volvemos más y más económicos, políticos, ambiciosos.

Cuando aparece la ambición, la creatividad desaparece; porque un hombre ambicioso no puede ser creativo, un hombre ambicioso no puede amar ninguna actividad en sí misma. Mientras pinta está mirando más allá; pensando: “¿Cuándo conseguiré el premio?”. Cuando escribe una novela, busca reconocimiento, siempre está en el futuro; y una persona creativa está siempre en el presente.

Destruimos la creatividad. Nadie nace sin capacidad creativa, pero hacemos que el noventa y nueve por ciento de la gente la pierda.

Simplemente poner la responsabilidad en la sociedad no va a servir de nada; tienes que tomar tu vida en tus manos. Tienes que abandonar esos erróneos condicionamientos. Tienes que abandonar esas falsas e hipnóticas autosugestiones que te han inculcado en la infancia. ¡Déjalas! Purifícate de todo condicionamiento… y enseguida verás que sí eres creativo.

Existir y ser creativo son sinónimos. Es imposible existir, y no ser creativo. Pero este imposible ha ocurrido, debido a que se han bloqueado y destruido todas vuestras fuentes de creatividad y a que toda vuestra energía ha sido encauzada en alguna actividad que la sociedad piensa que debe ser remunerada.

Nuestra actitud en la vida está siempre orientada monetariamente. Y el dinero es una de las cosas menos creativas en las que uno se pueda interesar. Nuestra actitud está totalmente orientada hacia el poder, y el poder es destructivo, no es en absoluto creativo. Un hombre que persigue el dinero se volverá destructivo, porque para tenerlo tendrá que explotar, robar, quitárselo a mucha gente, sólo así podrá tenerlo. Ser poderoso simplemente significa que te tienes que imponer a mucha gente, que tienes que destruirlos; sólo entonces serás poderoso, sólo así.

Recuerda, esos son actos destructivos. Un acto creativo realiza la belleza del mundo; le da algo al mundo, nunca le quita nada. Cuando una persona creativa viene al mundo, realza su belleza; pone una canción aquí, un cuadro allá. Hace que el mundo baile mejor, disfrute mejor, ame mejor, medite mejor. Cuando se va, deja tras de sí un mundo mejor. Puede que nadie le conozca o puede que sí; esa no es la cuestión. Pero él deja un mundo en mejor estado, tremendamente satisfecho porque su vida ha tenido algún valor en sí misma.

El dinero, el poder y el prestigio no son creativos; y no sólo eso, además son actividades destructivas. ¡Cuidado con ellos! Si tienes cuidado con ellos puedes volverte creativo muy fácilmente. No, no te prometo ningún jardín de rosas. Por el contrario puede causarte problemas. Puede que tengas que vivir la vida de un hombre pobre. Lo único que te puedo asegurar es que en lo más profundo de ti serás el hombre más rico que se pueda ser (en tu interior te sentirás satisfecho); entonces en lo profundo de tu ser rebosarás gozo y celebración. Y continuamente recibirás más y más bendiciones de Dios. Tu vida estará llena de bendiciones.

Pero es posible que no seas famoso, puede que ni tengas dinero, puede que no triunfes en el llamado mundo. Pero triunfar en ese mundo es fracasar rotundamente, es fracasar en el mundo interior. ¿Qué vas a hacer con el mundo entero a tus pies si has perdido tu propio ser? ¿Qué vas a hacer si posees el mundo entero y no te posees a ti mismo? Una persona creativa posee su propio ser, es un maestro.

Da. Comparte lo que puedas y recuerda: no estoy haciendo distinciones entre cosas pequeñas y grandes. Si puedes sonreír con todo tu corazón, cogerle a alguien la mano y sonreír, será un acto creativo, un gran acto. Tan sólo con abrazar a alguien con todo tu corazón eres creativo. Tan sólo con mirarle con ojos amorosos… sólo una mirada amorosa puede cambiar el mundo de una persona.

Sé creativo. No te preocupes por lo que haces; uno tiene que hacer cosas, pero todo creativamente, con devoción. Entonces tu trabajo se volverá un acto de reverencia. Entonces cualquier cosa que hagas será una oración, una ofrenda en el altar.

Abandona la creencia de que no eres creativo. Yo sé cómo se ha creado esa creencia: puede que tú no hayas conseguido ninguna medalla de oro en la universidad, puede que no hayas sido el primero de tu clase, que tus dibujos no hayan sido apreciados, que cuando toques la flauta los vecinos llamen a la policía. Quizá; pero sólo por esas cosas, no caigas en la creencia errónea de que no eres creativo. Puede que sea porque imitas a otros.

La gente tiene una idea muy limitada de lo que significa ser creativo: tocar la guitarra o la flauta o escribir poesía, y así va la gente escribiendo porquerías en nombre de la poesía. Tienes que descubrir lo que puedes y lo que no puedes hacer. ¡No todo el mundo puede hacerlo todo! Tú tienes que buscar y descubrir tu destino. Tienes que ir a tientas en la oscuridad, lo sé. Tu destino no es una cosa definida; pero así es como es la vida. Y es bueno que uno tenga que buscarlo; en esa misma búsqueda, algo crece.

Si Dios te diera un mapa de tu vida al entrar al mundo (esta será tu vida: serás guitarrista) entonces tu vida sería mecánica. Serías solamente una máquina, no un hombre. El hombre es impredecible. El hombre es siempre una apertura…; la potencialidad de mil y una cosas. A cada paso se abren muchas puertas y se presentan infinidad de alternativas; y tú tienes que elegir, tienes que sentir. Pero si amas tu vida serás capaz de hacerlo.

Si no amas tu vida y amas en cambio otras cosas, habrá un problema. No puedes adorar el dinero y ser creativo. La misma ambición destruirá tu creatividad. Si lo que quieres es fama, entonces olvídate de la creatividad. La fama llega más fácil si eres destructivo. La fama le llega antes a un Adolf Hitler, a un Henry Ford. Conseguir la fama te será más fácil si eres competitivo, violentamente competitivo. Si puedes matar y destruir a la gente, podrás conseguirla más fácilmente.

Si lo que buscas es fama, no hables de creatividad. No quiero decir que la fama nunca le llegue a una persona creativa, pero ocurre muy raramente, es muy raro. Es más como un accidente y además puede tardar mucho. Casi siempre cuando la fama alcanza a una persona creativa, ya se ha ido; es siempre póstuma: muy retrasada.

Jesús no fue muy famoso en su época. Si no existieran los Evangelios, no se hubiera sabido nada de él. El reconocimiento procede de sus cuatro discípulos ya que jamás le mencionó nadie más, ni siquiera si existió o no; no fue famoso. No tuvo éxito. ¿Puedes imaginar un fracaso mayor que el de Jesús? Pero, poco a poco, se fue volviendo más y más significativo, poco a poco, la gente le fue reconociendo. Lleva su tiempo.

Cada hombre viene a este mundo con un destino específico; tiene algo que realizar, algún mensaje que recibir, algún trabajo que completar. No estás aquí accidentalmente; estás aquí por algún motivo. Hay un propósito detrás de todo esto. El todo intenta hacer algo a través de ti.

sábado, 15 de julio de 2017

EL MIEDO Y LA INSEGURIDAD

Cuando el miedo te rodee, recuerda que en la vida hay solamente una cosa segura, y esta es la muerte. De ahí, que aquellos que lo entiendan abandonen el miedo. Porque, ¿qué puede ser más inseguro que la vida? Estar vivo significa que la muerte puede llegar en cualquier momento. Solamente en la tumba, la seguridad es posible, nunca se ha oído que alguien haya muerto en la tumba. Allí todo está a salvo y seguro.

Una vez a Confucio uno de sus discípulos le hizo la misma pregunta; por supuesto, de una forma un poco diferente, con palabras diferentes: “Maestro, dinos algo acerca del miedo a la inseguridad”.

Y Confucio le contestó: “No te preocupes por eso, la muerte hará que todo sea muy seguro. Mientras estés vivo, disfruta de la inseguridad”.

La inseguridad es sinónimo de estar vivo. Cuanto más vivo, más inseguro estás. Cuanto menos vivo, menos inseguro estás. ¿Quieres la seguridad de la muerte? En ella es absoluta.

Una historia sufí: “Un gran rey tenía mucho miedo a morir. Había invadido muchas tierras, creado muchos enemigos, y esto le ocasionaba muchísimas pesadillas en las que le iban a asesinar, a matar; y no podía confiar en nadie. Estaba rodeado de espías enemigos tratando de recuperar sus reinos. Finalmente, no pudo soportarlo más. Ordenó que se construyera un hermoso edificio, con instrucciones especiales: no debería tener ninguna ventana, ninguna puerta excepto aquella por la que él pudiera entrar y salir. Sólo para estar seguro, de que nadie pudiera asesinarle…como protección.

Delante de esta única puerta, puso siete filas de guardias. Porque no podía confiar en una sola fila: ¿quién sabe?, puede que conspiraran y estaría totalmente perdido. Entonces ni siquiera podría obtener ayuda del exterior. Un guardia simplemente podría entrar y matarle.

Una segunda fila de guardias para mantener vigilada a la primera. Luego una tercera para vigilar a la segunda. Pero uno tiene que detenerse en alguna parte, sino ¿dónde acabará todo esto? A esto en lógica se le llama: “Regresión infinita”.

El pensó que siete filas serían suficientes. Sería imposible que todos los guardias estuvieran de acuerdo. Se las compuso para formar aquellas siete filas con guardias que eran antagonistas entre ellos. Por ejemplo una fila de guardias era de musulmanes, otra de cristianos, otra de hindúes, y así sucesivamente.

El rey vecino (amigo de este rey, y a su vez un gran emperador) se enteró de que había construido ese edificio. Él también sufría la misma paranoia. Vino a visitarle y a ver su nuevo palacio. Y se quedó asombrado ante la forma en que había dispuesto la seguridad.

Y cuando se marchaba… el mismo rey salió a despedirle; eran viejos amigos. El rey vecino le dijo: “Nunca he visto tanta seguridad como la que tú has conseguido. Yo también me haré una casa como esta sin ventanas ni puertas, sin ninguna posibilidad de que alguien entre. Con el mismo sistema de guardias”.

En ese momento un mendigo que estaba sentado en la calle, empezó a reírse. Ambos se sintieron molestos, y le preguntaron: “¿Qué pasa, estás loco o qué?”.

El mendigo respondió: “No estoy loco. He estado observando cómo construían este palacio tan seguro. Y me preocupaba que quizás no fueras consciente de que para la muerte, basta con una puerta. Y ni siquiera todos estos guardias serán capaces de pararla. Siempre he querido verte para sugerirte que sería más seguro que entrará dentro y les ordenaras a los guardias que cerraran la puerta. Hasta una sola puerta es peligrosa. Sería una grieta en tu sistema de seguridad”.

Ambos reyes le escucharon con asombro. Lo que estaba diciendo tenía sentido. Pero el rey del palacio dijo: “Tú lógica no tiene ni un error y serás recompensado por ello. Pero tú no entiendes que si yo entro y también cierro esta puerta, ya no será un palacio, se convertirá en una tumba”.

Y el hombre dijo: “Eso es exactamente lo que quiero decir. Solamente en la tumba podrás estar completamente seguro. Una vez yo también la he encontrado: renuncié al mundo y me hice un mendigo. Ahora nadie quiere asesinarme. Nadie siquiera se interesa por mí.

“La gente camina por las calles a mi alrededor, y yo duermo sin ningún miedo en la oscura noche, porque ahora, ya no tengo ni amigos ni enemigos. He descubierto la seguridad bajo las estrellas en el cielo abierto. Y con la seguridad he descubierto que vivir es una tremenda emoción.

“De acuerdo a tu propia lógica, si cierras una puerta más, esto se convertirá en una tumba. Ya se ha convertido en una tumba en el noventa y nueve por ciento, sólo queda el uno por ciento. Cuántas más puertas y ventanas cierras por el miedo, más mueres. ¿Por qué no acabar de una vez con el miedo entonces?”.

El rey nunca volvió a vivir en esa casa: Se dio cuenta que era absolutamente cierto que cuanto más seguro estuviera, más muerto tendría que estar. Y viceversa también es verdad; tú quieres vivir en las alturas, en los picos luminosos, no tienes nada que perder. Un día la muerte se lo llevará todo. Eso es absolutamente cierto, sin ninguna probabilidad. Y no hay forma de protegerse de ella. Esa misma comprensión dejará a un lado la paranoia. ¿Entonces por qué preocuparse?

Mientras estés vivo, vive tan total e intensamente como te sea posible. De hecho, la muerte debería ser un incentivo de la vida. Si no hubiera muerte, podrías posponer la vida. debido a la muerte, que no es posible posponer. Tienes que vivir este momento porque no puedes estar seguro acerca del próximo. Es absolutamente impredecible si volverás a respirar; no está en tus manos.

Deja que tu anhelo se convierta en tu realidad. El anhelo es siempre en el fondo un aplazamiento, significa: mañana… “despertaré, me elevaré a las alturas, pero mañana. En este momento estoy disfrutando de mi anhelo”. Pero tales anhelos son impotentes. Y ante la evidencia de la inseguridad de si mañana estarás aquí o no, todos los anhelos, todos los deseos son peligrosos, arriesgados.

No anheles la libertad, sé libre.

¿Quién te lo impide sino tú mismo?

Es un fenómeno extraño que el hombre se haya mutilado a sí mismo. Él mismo se encadena, se convierte en una prisión para sí mismo. Y entonces comienza a anhelar la libertad, comienza a soñar con la libertad…y siente un potencial para la expansión.

¿Durante cuánto tiempo lo has estado sintiendo, y durante cuánto más lo sentirás? No pierdas más tiempo innecesariamente en ejercicios insignificantes de la mente. El crecimiento y la expansión de tu potencial tienen que ocurrir en el mismo momento en que sientes que esa dimensión se abre, en el momento en que estás claro. Entonces no hay nada que temer; no tienes nada que perder.

¿Qué tienes que perder? ¿Qué es tu vida? Es la cosa más preciosa que tienes, pero reducida a sus elementos, ¿qué es?: un corazón latiendo (esto lo podría hacer cualquier corazón de plástico), unos pulmones respirando (los pulmones mecánicos lo podrían hacer mucho mejor, más eficiente).

Por un momento, deja que la mente se pare y deja que el tiempo se pare. Y simplemente observa el hecho: ¿qué es tu vida? Un corazón que late, la sangre que circula, la respiración entrando y saliendo. ¿Algo más? Si eso es todo, yo no veo por qué deberías tener miedo. Si la sangre no circula y el corazón no late, o si la respiración se para, ¿entonces qué? Estarás descansando, habrás ido al descanso eterno. ¿Pero qué has perdido? No vivías, sólo vegetabas.

Deja de vegetar. Es el tiempo del éxtasis, del amor, de la expansión de la consciencia. Ya has esperado suficiente, has desperdiciado muchas cosas. No desperdicies más. Pero tú dices: De alguna manera necesito, o creo necesitar, seguridad”. ¿Para qué? ¿Quieres seguir siendo un vegetal toda la vida; a salvo, seguro, congelado?

Hay algunos hombres en América (diez de ellos son bien conocidos) que han dejado de respirar y sus corazones han dejado de latir. Pero eran suficientemente ricos y, por supuesto, tenían miedo a morir. Así que dispusieron que sus cuerpos se congelaran. Cuesta mucho dinero al año mantener un solo cuerpo y allí están ellos, esperando en esos frigoríficos el momento en que la ciencia descubra cómo revivir a los muertos. Los científicos piensan que en unos diez años como mucho, serán capaces de revivir cualquier cuerpo muerto; porque entonces se podrá reemplazar los órganos.

Los hospitales se volverán, más o menos, talleres donde simplemente irás a cambiar tu corazón, porque ya no funciona bien. Así que simplemente habrá que cambiar algunos tornillos, o habrá que cambiar el corazón por un nuevo, por uno de plástico que será mejor, que durará eternamente.

Cuanto tu energía vital se esté acabando, simplemente tendrás que ir a ese taller (quiero decir, ese hospital del futuro) y enchufarte para que te recarguen. O quizás, si así lo prefieres, podrás ponerte baterías; lo cual será un servicio inmediato. Sería un mundo realmente gracioso. Alguien te estará diciendo “te amo”, y entonces comenzará a hacer “ghrrr, ghrrr”… porque la batería estará comenzando a fallar.

Irá corriendo al taller, cambiará la batería y continuará repitiendo la misma grabación: “Te amo”; es sólo una grabación. La gente tendrá que estar atenta a cuando alguien empiece con el “ghrrr, ghrrr” para llamar enseguida a la ambulancia, porque la batería del hombre, o el fusible, se estará gastando.

No esperes esos días. La vida será muy segura, pero absolutamente vegetal. La propia inseguridad hace de la vida una emoción porque no puedes concebir posponer; el mismo peligro de que mañana puede que no estés aquí hace vivir el hoy lo más intensamente posible, amar lo más totalmente posible.

Ya basta de pensar: “Este miedo, esta falta de valor para saltar, bucear profundamente en la vida y dejarme llevar totalmente, me está paralizando…”. Entonces simplemente salta; no tienes nada que perder y todo que ganar.

Al final del Manifiesto Comunista de Karl Marx hay una cita muy hermosa. Con un pequeño cambio, podría ser mejor. La cita es: “Proletarios del mundo, uníos; porque no tenéis nada que perder excepto vuestras cadenas”. Sólo hay que hacer un pequeño cambio: Pensadores del mundo, uníos, no tenéis nada que perder, excepto vuestras cadenas, y toda la existencia que ganar.

Tú puedes continuar anhelando cosas grandes y hermosas. La gente se vuelve adicta a los sueños; los sueños son más adictivos que cualquier droga. De hecho, la gente se hace adicta a las drogas porque le da hermosos sueños. Los sueños son la raíz que causa la adicción, también son drogas. Ten valor, no eres un paralítico. Y sólo se necesita un momento para saltar.

En Raipur, donde yo solía dar clase en la universidad, conocí, vi con mis propios ojos, a una mujer que llevaba diez anos tumbada, pues estaba paralítica. Todos los esfuerzos por curarla habían fracasado, los doctores habían declarado unánimemente que no había ninguna posibilidad de curación. Ella permanecería paralizada el resto de su vida. Era una mujer rica; vivía justo en frente de mi casa.

Un día su casa se incendió. Fui corriendo, toda la vecindad se reunió allí; y la gran sorpresa no fue ver que la casa se estaba quemando, sino ver a la mujer paralítica saliendo de la casa. No se había movido de su cama en diez años. Nadie se lo podía creer, era un milagro. Pero alguien le recordó: “¡Qué haces, tu estás paralítica!”.

Y la mujer mirando alrededor dijo: “Es verdad”, e inmediatamente cayó al suelo, paralizada. ¿Qué te parece esta parálisis? Sólo estaba en la mente, no en el cuerpo. Debido al fuego, cuando todo el mundo salió corriendo, ella se olvidó por un momento de su parálisis. Y en el momento que volvió a recordarlo, su estado de mente anterior regresó: “¡Dios mío, qué he hecho! Soy paralítica y estoy corriendo”.

Todas vuestras parálisis están en vuestra mente; la cual no quiere vivir, la cual no es realmente capaz de vivir y crea toda clase de miedos.

Aquellos que realmente quieren vivir, abandonan todos los miedos, todos los pensamientos, toda seguridad. Arriesgan todo porque la vida es tan preciosa y tan fugas, tan momentánea que no pueden seguir posponiéndose. Y pensar es una forma de posponer, sentir es una forma de posponer, desear es una forma de posponer. Deja de posponer.

sábado, 8 de julio de 2017

RESPONSABILIDAD Y COMPROMISO

Si quieres cabalgar en dos caballos al mismo tiempo, te será muy difícil. Tendrás que entender una cosa: si tienes un anhelo de libertad, espontaneidad y estar en el momento, tendrás que dejar de tener una actitud de negociante. Puedes continuar con un negocio pero tendrás que transformar tu actitud, tu enfoque hacia él. No te puedes comprometer con ambos, no puedes sintetizarlos. Tienes que sacrificar uno a favor del otro.

Recuerdo a mi abuelo. Mi padre y mis tíos no querían al viejo en la tienda. Le solían decir: “Descansa o, vete a dar un paseo”. Pero había clientes que preguntaban por él, y decían: “Ya volveremos cuando él esté aquí”. El problema radicaba en que él no era un negociante.

Él simplemente diría: “Esto nos cuesta diez rupias y yo no voy a sacarle más de un beneficio del diez por ciento. Esto quiere decir que te costará once rupias, ¿te parece demasiado? ¿Entonces cómo vamos a vivir, cómo vamos a sobrevivir?”. Y la gente inmediatamente cerraba el trato con él.

Pero a los ojos de mi padre y de mis tíos eso era una pérdida, porque ellos lo hubieran ofrecido por veinte rupias en principio; para luego regatear… y si el cliente se las arreglaba de alguna forma para bajar el precio a quince rupias se sentiría feliz por haberlo rebajado cinco rupias. Pero de hecho ellos ganarían cuatro rupias más. Así que, naturalmente, echaban a mi abuelo. “Vete, vete al río, tómate un buen baño. Vete al parque, descansa. Tú ya eres viejo, no necesitas trabajar”.

Pero él solía decir: “Hay clientes que me conocen y que os conocen. Saben que no soy un negociante. Y que vosotros sois gente de negocios. Y les he dicho a mis clientes que si no estoy, que me esperen, que pronto estaré de vuelta. Les he estado diciendo: “Recordad una cosa: caiga la sandía en el cuchillo o el cuchillo en la sandía, es siempre la sandía la que se parte en dos trozos, nunca el cuchillo. Así que cuidado con la gente de negocios”. Él tenía sus propios clientes, que ni siquiera decían a lo que venían; se sentaban y decían: “Esperaremos a que venga el viejo”.

Los negocios también se pueden hacer con honestidad, con autenticidad, con lealtad; no requieren que seas necesariamente pícaro, explotador, tramposo. Así que no preguntes por ninguna síntesis entre “llevar un negocio, continuidad, compromiso y responsabilidad”, y “estar en el momento, libertad y espontaneidad, las cuales anhela el corazón”. Escucha al corazón, porque el corazón es en definitiva el que va a decidir el calibre de tu ser, el mismísimo crecimiento de tu consciencia, y finalmente la transcendencia que os conducirá a ti y a tu consciencia más allá de la muerte. Cualquier otra cosa sería simplemente mundana. ¿En qué consiste tu constancia?; en que debido a que tu padre y tus antepasados hayan estado llevando un negocio, tú también tienes que hacerlo, de la misma manera que ellos lo han estado haciendo. ¿Estás acaso tú aquí para repetir el pasado?

¿No tienes el valor de introducir lo nuevo y dejar el pasado, y con él lo viejo y podrido, de traer una brisa fresca a tu vida y a la de aquellos que te rodean? ¿Para qué la constancia? Esa no es la cuestión… De hecho tienes que ser inconstante a cada momento, no solamente con el pasado de los demás (tus padres y antepasados) tienes que ser inconstante hasta con tu propio pasado a cada momento. El momento que se va, se va. No tienes ninguna obligación de continuarlo y cargar con el cadáver de un momento muerto.

El compromiso siempre procede de la inconsciencia. Por ejemplo, tú amas a una mujer y quieres que se case contigo, pero ella quiere que te comprometas. Y tú eres tan inconsciente…; comprometes muy fácilmente el futuro, que no está en tus manos. ¿Cómo puedes asegurar algo para mañana? El mañana no es de tu propiedad. Puede que estés aquí, y puede que no. ¿Y quién sabe qué pasará mañana? El amor que tan de repente te ha poseído puede desaparecer.

Pero casi todo hombre se compromete con su mujer: “Te amaré toda la vida”. Y la mujer también se compromete: “No solamente te amaré en esta vida sino que rezaré a Dios para que vuelvas a ser mi marido en todas las vidas”.

Pero nadie es consciente de que ni un solo momento del futuro está en sus manos. Todos los compromisos crearan problemas. Mañana, de repente, puede acabar tu vida de la misma manera que ha aparecido. Fue algo que ocurrió, no fue un acto tuyo, no lo hiciste tú. Mañana, cuando el amor haya desaparecido y encuentres tu corazón completamente marchito, ¿qué harás?

La única salida que la sociedad te deja es volverte falso, ser hipócrita. Aunque ya no haya amor, sigue aparentándolo, sigue al menos diciendo: “Te amo”. Tú sabes que tus palabras no llevan ningún significado y la mujer también se da cuenta, porque tus palabras no suenan sinceras. Y en lo que al amor se refiere, no se puede engañar a una mujer; ella tiene una tremenda sensibilidad. De hecho, cuando hay amor no hay necesidad de repetirlo. Tú lo sabes y ella lo sabe. La repetición surge solamente cuando el corazón ya no irradia amor, y lo tienes que sustituir con palabras.

Pero las palabras son muy pobres. Tus acciones estarán mostrando algo, tu rostro estará mostrando algo, tus ojos estarán mostrando algo, y tus palabras tratarán de probar justo lo opuesto. Pero el problema ha surgido porque no has sido lo suficientemente consciente para decirle a la mujer: “¿Cómo puedo yo comprometerme? Soy un frágil ser humano, no soy absolutamente consciente. La mayor parte de mi ser está en una profunda oscuridad, que yo ni siquiera conozco. No soy consciente de los deseos que tendré mañana, tampoco tú lo eres.

“Así que por favor no te comprometas a nada conmigo y yo no me comprometeré a nada contigo. Nos amaremos el uno al otro mientras el amor siga siendo auténtico y verdadero, pero en el momento en que sintamos que ha llegado el tiempo de aparentar, nos apartaremos; eso sería feo e inhumano. Simplemente aceptaremos que el amor que solía haber ya no existe y es tiempo de partir. Recordaremos todos los días y momentos hermosos que hemos pasado juntos. Permanecerán siempre frescos en nuestra memoria. Y no quiero destruirlos aparentando; tampoco quiero que tù te conviertas en una hipócrita”.

En lo que a mi gente se refiere, nunca forméis ningún compromiso. Poned bien claro que los compromisos crearán situaciones difíciles. Y pronto descubriréis que casi nunca podéis cumplirlos.

Y la responsabilidad… Se os ha cargado con la idea de la responsabilidad, que sois responsables para con vuestros padres, que sois responsables para con vuestra esposa o esposo, que sois responsables de vuestros niños, responsables para con vuestros vecinos, de que eres responsable para con la sociedad, que eres responsable para con la nación. Parece ser que solamente estás aquí para ser responsable para con todo el mundo; excepto contigo mismo. Es una situación extraña.

Nunca deberías hacer nada por deber. Haz algo porque lo amas, o no lo hagas. Entiende claramente que tu vida tiene que ser una vida de amor; y responder desde este amor es a lo que yo llamo responsabilidad. Divide la palabra en dos partes: respuesta-habilidad,* no la unas. Juntar estas dos palabras ha creado una enorme confusión en el mundo. No es responsabilidad, es respuesta-habilidad. Y el amor tiene la habilidad de responder. No hay ninguna otra fuerza en el mundo que tenga mayor capacidad para responder. Si amas, serás capaz de responder; no es una carga. El deber es una carga.

Cualquier respuesta que surja del amor será hermosa. Sin amor, la responsabilidad es fea y simplemente muestra que tienes mente de esclavo.

Así que en lo que a mí concierne, si de verdad anhelas libertad, espontaneidad, estar en el momento, no es cuestión de hacer una síntesis. Tendrás que cambiar tu actitud respecto al negocio: tu negocio tendrá que volverse tu meditación, tu sinceridad, tu verdad; tendrá que dejar de ser explotación. Tu constancia simplemente desaparece; tú traer algo nuevo a la existencia. El compromiso es absolutamente absurdo. Tú no te puedes comprometer a ti mismo porque el tiempo no está en tus manos; ni la vida está en tus manos, ni el amor está en tus manos. ¿Entonces sobre qué bases te vas a comprometer?

Cuando el hombre dice: “Te amaré para siempre”, està diciendo absolutamente la verdad; pero no es consciente de que el mañana no està bajo su control. Solamente puede hablar acerca de este momento: “Te amo ahora. En cuanto a mañana, ya veremos lo que ocurre. Ni yo estoy ligado ni tú estás ligada a mí. Si mañana de nuevo sentimos que estamos enamorados, será una gran sorpresa”.

¿Por qué cerrar tu vida con compromisos? ¿Por qué no dejarla abierta a la sorpresa?, ¿por qué no dejarla abierta a las aventuras? ¿Por qué encerrarse en una tumba? Sufres, porque empiezas a pensar: “He prometido, me he comprometido. Ya no importa si quiero cumplir la promesa o el compromiso. Mi integridad está en juego. Puedo aparentar, pero no puedo aceptar que fui un imbécil por comprometerme”.

No es cuestión de hacer una síntesis con la fidelidad y la infidelidad, con lo auténtico y lo falso. Tendrás que dejar lo falso y escuchar a tu corazón y seguirle a cualquier precio; siempre será barato. Cualquier cosa que tengas que perder, piérdela, pero si escuchas al corazón, al final tú serás el vencedor, tuya será la victoria.

sábado, 1 de julio de 2017

LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD

La libertad y la responsabilidad van juntas; son dos caras de una misma moneda. Si quieres libertad, tendrás que ser responsable de todo lo que hagas. Si no quieres responsabilizarte, perderás la libertad.

Todo el mundo quiere ser libre pero nadie quiere ser responsable. Nos vamos pasando la responsabilidad de uno a otro. Y al poner responsabilidad en el otro, a la vez pierdes toda posibilidad de libertad. ¡Sé responsable! Si te has enfadado, te has enfadado; no digas: “Es por los demás o por alguna otra fuerza que me ha poseído”. No, nadie te posee.

Lo que sea que ocurra, será tu propia elección. Tú lo has elegido. Puede que no te des cuenta en absoluto de cómo lo has elegido, porque algunas veces tú quieres una cosa pero eliges otra; esto causa el problema. Tú crees que quieres una cosa y eliges otra. O elegiste lo que querías, pero el resultado fue diferente al que esperabas.

Por ejemplo, tratas de dominar a alguien; por tu propia elección. Quieres dominar a alguien, pero cuando le vas a dominar él también quiere hacer lo mismo contigo. Tratará de dominarte, y a ti no te gustará; producirá lucha, envidia, se creará un infierno. Y dirás: “Nunca quise que esto ocurriera”. Pero tú quisiste dominar a alguien, esta fue la semilla.

Busca siempre la causa. Si hay un efecto, también habrá una causa. Si en primer lugar no hubieras elegido la causa, el efecto no podría existir, no sería posible. La gente estaría dispuesta a cambiar al efecto, pero no quiere cambiar la causa. Así es la mente ordinaria, la mente estúpida.

La mente inteligente es de una cualidad totalmente diferente. Cuando no quiere algún efecto, profundiza en la causa y la abandona; ¡y se acabó el problema!

La libertad es un gran riesgo. La gente habla sobre la libertad, pero nadie realmente quiere ser libre; es pura charla. Todo el mundo quiere ser dependiente, todo el mundo quiere que algún otro se responsabilice. En libertad tú eres responsable de cada acto, de cada pensamiento, de cada movimiento. No puedes responsabilizar a los demás.

Observa a un psiquiatra freudiano, un psicoanalista: el paciente se tumba en un sofá y el psicoanalista se sienta detrás de él, para que el paciente no pueda verle. Se sienta detrás del sofá; él puede ver al paciente, pero el paciente no le puede ver a él. Algunos psicoanalistas usan hasta biombos para que el paciente sienta que no necesita guardar sus secretos.

¿Y qué ocurre, qué es lo que está ocurriendo en todas las sesiones de psicoanálisis del mundo? El paciente lo va echando todo: sobre la madre, o sobre el padre; mayormente sobre la madre. Pero no asume ninguna responsabilidad sobre sí mismo. Trata de probar que es absolutamente inocente, que todo el mundo tiene la culpa y le ha obligado a hacer lo que en principio el nunca quería hacer.

Quizás haya alguna verdad en ello, ocurre así: las madres obligan a sus hijos… las madres tratan de que sus hijas sean auténticas damas; ¡damas inglesas! Americanas no sería suficiente. De hecho, en América la figura de la dama ha desparecido, sólo hay mujeres, no damas. El padre trata de hacer de su hijo un verdadero hombre, un caballero. Así que algo de verdad habrá.

Pero cuando eres adulto y contemplas toda la escena de lo que ha ocurrido, podrías simplemente dejarlo a un lado; ¡sencillamente así! Pero tú no quieres, porque entonces serías responsable. Si ahora haces algo equivocado, siempre puedes encontrar otro responsable.

Todo el mundo tiene miedo a la libertad. Por eso en todo el mundo hay tantos niveles de esclavitud en uno mismo. Todas las personas son esclavos múltiples: son esclavos de sus padres, esclavos de las religiones, esclavos del estado, esclavos de sus vecinos; y toda clase de esclavitudes que no son visibles.

Cuando yo estudiaba en la universidad, tuve un compañero de habitación conmigo durante un año, y nunca creí que él tuviera ningún problema con el habla. Un día vino a verle su padre y comenzó a tartamudear. Esto me sorprendió y le pregunté: “¿Qué te pasa?, has estado tartamudeando desde que tu padre llegó, ya no hablas como hablabas antes”.

“Desde mi infancia él me ha estado enseñando cómo hablar, qué decir y qué no decir, con quién y cuándo hablar –dijo él-. Me ha confundido tanto que he perdido mi propia sensibilidad y he llegado a tartamudear. Yo también me sorprendí cuando llegué a la universidad: al dejar mi casa, el tartamudeo me desapareció. Y siempre que regreso a mi casa, a mi familia y a mi pueblo, el tartamudeo empieza de nuevo”.

Los niños pequeños son dependientes de sus padres, y los padres abusan de esa dependencia. Ellos saben que no te puedes revelar, que no puedes irte a ningún sitio.

Ya en mi infancia deduje lo que les hace tan autoritarios: “Quizás crean que no me puedo revelar. Quizá piensen que no podré conseguir comida si no estoy con ellos, que estaré perdido en este vasto mundo sin su protección”. Así que tuve que hacer todas esas cosas; sólo entonces entendieron que la autoridad no iba a funcionar conmigo. Desde el principio se lo dejé bien claro a mi padre: “Una cosa es cierta: si quieres que haga algo, por favor no me lo ordenes autoritariamente”.

“¿Entonces cómo te lo tengo que decir?” –preguntó él.

“Me lo tienes que pedir: “¿Por favor podrías hacer esto?” -contesté yo.

“Eso me parece excesivo. Tenerle que pedir a mi propio hijo “si por favor puede hacer esto” –replicó él.

“Tendrás que hacerlo así –le aseguré-. Si me dices: “¡Haz esto!, seré la última persona en hacerlo. Preferiré morirme de hambre antes que hacerlo. Pero si me preguntas: “¿Por favor podrías hacerlo?”, hasta escalaría el Everest; sin ningún problema. Lo haría si no se me fuerza a hacerlo. No quiero vivir mi vida como un esclavo”.

Tienes que entender una cosa: ¿qué te puede ocurrir? Como máximo te puede ocurrir la muerte. Recuerda este sencillo proverbio: espera lo mejor y estate preparado para lo peor. Entonces nadie en esta vida podría desilusionarte. Nadie podrá esclavizarte, ni física ni psicológicamente.

Un hindú es un esclavo, un cristiano es un esclavo, un mahometano también lo es; todas las religiones son esclavitudes psicológicas porque te dan el consuelo de que si las sigues, si crees, si tienes fe, no te ocurrirá nada. Te dan toda clase de estrategias para seguir siendo dependiente. Te enseñan a rezar; rezar es simplemente mendigar.

Yo no enseño oración alguna. ¿A quién ibas a rezar? Ni siquiera se lo has preguntado a la gente que te está enseñando a rezar. Al arrodillarte en el suelo de la iglesia, te estás humillando a ti mismo. Yo no estoy a favor de ninguna afirmación egoísta, pero tampoco de que ninguna humillación sea aceptada como humildad. Quiero que seáis sencillos, sin ningún ego y sin ninguna falsa humildad; claro y directo.

Y la libertad es un valor enorme, quizá el más elevado de la vida. No puede perderse por nada. Aunque la muerte sea la consecuencia; preferiría aceptar la muerte que aceptar nada que vaya en contra de mi libertad.

¿Son los demás responsables de tu esclavitud mental? No. Tú no quieres ser responsable de tus propios actos, tú no quieres ser responsable de tu forma de vivir; por eso tienes miedo a ser libre. Abandona ese miedo. Ese miedo es peor que cualquier otra cosa que te pueda ocurrir.

Yo enseño responsabilidad. Pero recuerda, no me entiendas mal, porque a vuestro alrededor toda la gente usa la palabra “responsabilidad” con un significado absolutamente diferente; de hecho, el significado que yo entiendo de la palabra responsabilidad es diametralmente opuesto.

Dicen: “Sé responsable con tus padres”. Eso no es responsabilidad, eso es esclavitud. Dicen: “Sé responsable con tu Iglesia, con tu religión, con tu fe”. Eso no es responsabilidad, eso es esclavitud. Estas son hermosas palabras para cubrir un hecho horrible: la esclavitud.

Cuando yo uso la palabra “responsabilidad”, lo hago de la forma que debería usarse. Responsabilidad significa que cualquier cosa que hagas, será tu respuesta. Si te pregunto: “¿Existe Dios?”. Y me contestas: “Sí, porque está escrito en la Biblia”, tu respuesta no es responsable. Procede de tu esclavitud cristiana.

Pero si dices: “No sé. Yo todavía no me he cruzado con él”, esta respuesta será tuya. No estarás repitiendo ningún catecismo; hindú, mahometano, budista, cristiano o judío; no. Estarás afrontando la pregunta directamente y respondiendo. Responder por ti mismo es el significado de responsabilidad.

La libertad trae la responsabilidad. La responsabilidad te ayuda a hacerte cada vez más libre. Y solamente una persona que conoce el sabor de la libertad, que conoce la belleza de la responsabilidad, merece llamarse a sí mismo ser humano; de otra forma, seréis sólo camellos y nada más.

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