sábado, 15 de mayo de 2010

LOS SUEÑOS Y LA CONSCIENCIA I

No valoro demasiado a Freud, a Jung, a Adler, a Assagioli, son sólo chiquillos jugando en la arena del tiempo. Han recogido hermosos guijarros, hermosas pie­drecillas de colores, pero cuando contemplas lo Supremo, los ves simplemente como chiquillos jugando con piedras y guijarros. Esas piedras no son auténticos diamantes. Y todo lo que han con­seguido es muy, muy primitivo. Tendrás que seguirme paso a paso para comprenderlo.

El hombre puede estar físicamente enfermo; entonces es necesario el médico, el doctor. El hombre puede estar psicológicamente enfermo; entonces Freud, Jung y los demás pueden ayudarle algo. Pero cuando el hombre está existencialmente enfermo, ni un médico, ni un psiquiatra, pueden ayudarle. La enfermedad existencial es espiritual. No pertenece ni al cuerpo, ni a la mente; pertenece al Todo. Y el Todo trasciende las partes. El Todo no es sólo una yuxtaposición, una yuxtaposición de las partes. Es algo superior a las partes. Es algo que contiene a toda las partes en sí mismo. Las trasciende.

Y la enfermedad es existencial. El hombre sufre una enfermedad espiritual. Los sueños no le ayudarán nada en esto. En realidad, ¿cómo pueden ayudarte los sueños? A lo sumo pueden ayudarte a comprender algo más de tu inconsciente. Los sueños son el lenguaje del inconsciente; son los símbolos, las indicaciones, las pistas y los modos del inconsciente; Son un mensaje del inconsciente para el consciente. Los psicoanalistas pueden ayudarte a interpretar los sueños, pueden convertirse en intermediarios, pueden revelarte lo que significan tus sueños. Claro que si puedes entender tus sueños, te acercarás algo a tu inconsciente. Esto hará que sintonices más con tu inconsciente. Lo comprenderás un poco. Tus dos par­tes -la consciente y la inconsciente- no estarán tan alejadas; se acercarán algo. No estarás tan dividido como antes. Aparecerá en ti algo de unidad, una especie de unidad. Serás más normal, pero ser normal no es ser nada. Ser normal es algo de lo que no vale la pena ni hablar. Ser normal significa que eres simplemente como deberías ser; no ha sucedido nada más. Nada del más allá ha pe­netrado en ti. También serás una persona más adaptada a la socie­dad. Y evidentemente serás un marido un poco mejor, una madre un poco mejor, un amigo un poco mejor, pero sólo un poco.

Pero esto no es la auto-realización. Y cuando Jung empieza a hablar de alcanzar la auto-realización a través del análisis de los sueños, está diciendo estupideces. Eso no es auto-realización, porque la auto-realización solamente surge cuando deja de haber mente. Los sueños interpretados no son interpretados; pertene­cen a la mente, forman parte de la mente. Y ninguna psicología occidental -a excepción de Gurdjieff, Eckhardt y Jacob Boehme- ninguna psicología de Occidente va más allá de la mente. Y ellos, en reali­dad, no pertenecen a Occidente; pertenecen a Oriente. Su visión es oriental. Han nacido en Occidente, pero su actitud, su forma de vivir, su comprensión es oriental. Y cuando digo "oriental" re­cuerda siempre que no me refiero a la geografía.

La actitud occidental es analítica; analiza. La actitud oriental es sintética; sintetiza, trata de encontrar lo uno en lo diverso. La actitud occidental trata de encontrar lo diverso en lo uno.

Freud y Jung trabajaron con los sueños. Eso fue un descubri­miento en Occidente; en cierta forma un gran descubrimiento, porque la mente occidental había olvidado por completo todo lo referente al sueño, a los sueños. El hombre occidental ha existido durante casi tres mil años sin fijarse en los sueños, ni en el sueño. Freud y Jung recuperaron la idea de que el hombre ha de ser comprendido a través del sueño y de lo que sueña, e hicieron mucho en esa direc­ción. Pero cuando Jung empieza a considerar que esto conduce a la auto-realización, entonces va demasiado lejos.

Está bien, puede ser de ayuda para la salud psicológica, pero la salud psicológica no es la salud existencial.

Puedes estar físicamente sano, puedes estar psicológicamente sano, pero puede que aún así no estés existencialmente sano. Al contrario, cuando estás psicológicamente y físicamente sano, por primera vez te das cuenta de tu ansiedad existencial, de tu angustia interior.

Cuando Jung habla de su psicología analítica como un camino de auto-realización, no sabe lo que está diciendo. En él no ves a un hombre auto-realizado. Indaga en la vida de Jung, en la vida de Freud, y descubrirás en ellas a seres humanos corrientes. Freud se enfadaba como cualquiera, incluso más que la gente corriente. Odiaba tanto como cualquier otro. Era celoso y lo era tanto que cuando un estallido de celos le sobrevenía, se caía al suelo inconsciente. Esto sucedió en numerosas ocasiones durante la vida de Freud. Siempre que los celos le asaltaban, en un ataque de celos, se alteraba tanto que se desplomaba desmayado. ¿Y estaba este hombre auto-realizado? ¡Y mira las fotos de Jung! Siempre que me he encontrado con una foto de Jung, la he observado detalladamente; es algo extraño. Observa las fo­tos de Jung; lo verás todo escrito en su rostro: el ego. Observa su nariz, los ojos, la astucia, la ira; en su rostro están escritas todas las enfermedades. Vivió como un hombre corriente, en manos del miedo. Temía mucho a los espíritus, a los fantasmas y era muy celoso, competitivo, discutidor, pendenciero.

Recuérdalo: el ego no puede desaparecer mediante la interpre­tación de los sueños. Al contrario, el ego puede que se refuerce porque la separación entre el consciente y el inconsciente será menor. Tu ego se reforzará, tu mente se reforzará. Cuánto menos problemas existan en la mente, más fuerte se volverá la mente. Tendrás una nueva base para el ego. Lo que el psicoanálisis puede hacer es cimentar aún más tu ego, hacerlo más centrado, volverlo más confiado en sí mismo, fortalecerlo. Obviamente vivirás mejor en el mundo, porque el mundo cree en el ego. Serás más capaz de pelear en la lucha por la supervivencia. Tendrás más confianza contigo mismo, estarás menos nervioso. Serás capaz de alcanzar tus ambiciones más fácilmente que si tuvieras problemas en tu interior y el consciente y el inconsciente estuvieran peleando allí continuamente. Pero esto no es auto-realización. Al contrario, es ego-realización.

Hasta ahora la psicología occidental no ha alcanzado el punto del no-ego. Todavía piensan en términos del ego: cómo hacer que el ego se asiente más fuertemente, que esté más centrado, cómo tener un ego más saludable, normal, ajustado. Oriente considera al ego mismo como la enfermedad; la mente en conjunto es la enfermedad. No tienes elección: consciente e inconsciente han de desaparecer, han de eliminarse. Y por eso Oriente no ha trata­do interpretando lo sueños. Porque si algo ha de desaparecer, ¿por qué preocuparse interpretándolo? ¿Por qué perder el tiem­po? Puedes dejarlo a un lado.

Observa la diferencia. Occidente está tratando de ajustar, en cierta forma, el consciente y el inconsciente, y trata de reforzar el ego para que te integres más en la sociedad y seas también interiormente un individuo más equilibrado. Habiendo puenteado la separación, te encontrarás más a gusto con la mente.

Oriente ha tratado de abandonar la mente, de trascenderla. Lo importante no es acomodarse a la sociedad; lo importante es aco­modarse a la Existencia misma. No es cuestión de ajustes entre inconsciente y consciente; es cuestión de ajustar todas las partes que constituyen tu ser.

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